Agnes Heller: “En filosofía hay mucha moda”

Por: LUIS DIEGO FERNANDEZ

Mencionar el nombre de Agnes Heller en filosofía implica una remisión directa: György Lukács, del cual fue alumna y discípula. Integrante de la denominada Escuela de Budapest, corrió la misma suerte que su maestro al ser expulsada de la universidad en el mismo año.

Heller deja Hungría en 1978 e inicia un recorrido que la lleva por Australia y luego Estados Unidos, país donde reside. El pensamiento de Agnes Heller, de alguna manera, siempre se ha centrado en la filosofía práctica ­ética, política y filosofía de la historia­; anclada en sus comienzos en una raíz marxista y autora de libros que han trascendido como Teoría de las necesidades en Marx (1974) o Instinto, agresividad y carácter. Introducción a una antropología social marxista (1980), actualmente, su visión ha virado no sólo hacia subdisciplinas como la estética y la filosofía de la religión, donde ahora ha puesto su obsesión, sino que ya no se define más como marxista ni posmarxista. Su último libro traducido al español es Una filosofía de la historia en fragmentos.

Crítica con el pensamiento de izquierda actual, del cual dice que aún no ha aportado ninguna idea nueva, la filosofía de Agnes Heller parece encontrarse en un período hermenéutico, cercana a una concepción posmoderna, por fuera de todo gran relato y en pro de una historia sin mayúscula, donde el análisis estético es foco principal.

Invitada por Garrick. Arte-Cultura a brindar unas conferencias magistrales sobre meta-ética, Ñ habló con la filósofa húngara sobre cuestiones tan diversas como la globalización, el olvido de Sartre y Lukács, la influencia ineludible de Kant y Nietzsche, el arte contemporáneo, el futuro de la filosofía, y de por qué Heidegger, Wittgenstein y Foucault serán los únicos tres clásicos de la filosofía del siglo XX.

-Entiendo que usted ya no se define como marxista ni posmarxista. ¿Cómo califica en el mundo globalizado a la posición de la izquierda? ­

-No puedo decir mucho de la izquierda en América Latina pero sí mucho de la izquierda en Europa. Hoy la derecha tiene mayorías en casi todos los parlamentos de Europa. Mientras la izquierda está en constante declinación. Hay muchas razones o condiciones para explicarlo. En principio, es una experiencia de la historia del siglo XX. En los casos de crisis económicas, la derecha gana la opinión pública, pero en los tiempos de boom económico la izquierda gana las mayorías.

Es exactamente lo opuesto a los Estados Unidos. Recientemente, por las crisis económicas uno no debería estar sorprendido de que en todos los lugares de Europa la derecha siga ganando. El proble  ma real no es éste. El problema no parece temporal, porque tengo la impresión de que la izquierda perdió sus ideas, entendiendo que la izquierda es una peor posición que la derecha. La derecha tiene sus eslóganes tradicionales: Dios, familia, seguridad, nación. Pero en el caso de la izquierda, siempre tiene que aparecer con una idea nueva. Y no puede apoyarse ni siquiera sobre su tradición. Por ejemplo el Estado de Bienestar fue una idea de la izquierda vigente por mucho tiempo pero luego a partir de Mayo del 68, se dieron nuevas relaciones; fue exitosa pero se agotó, podríamos decir.

Ahora nada nuevo está pasando en la izquierda. Este es el problema en Europa. Y no sé qué va a pasar mañana porque en política todo se basa en accidentes, uno no puede prever qué va a pasar mañana o pasado mañana. Así que no podemos tomar lo que digo como una predicción sino como descripción.

­-El pensamiento de Lukács tuvo una influencia central en su obra.
¿Cree que tiene presencia entre los filósofos nuevos o es un pensador olvidado?
­
-En Hungría Lukács no tiene ningún tipo de influencia. Aunque algunos de sus libros son leídos, especialmente sus libros pre-marxistas y las conferencias publicadas en ocasión del aniversario de su muerte. En otros países varios libros de Lukács tuvieron inf luencia, sobre todo los de su período pre-marxista, como La teoría de la novela, y en otros países Historia y conciencia de clase ha tenido buena recepción. Recientemente, uno de mis estudiantes ha vuelto a publicar sus artículos en Estados Unidos y se leen bastante, pero es un interés esporádico. Creo que es extremadamente difícil hablar de la inf luencia de un filósofo que no está vivo pero que aún no es un clásico. Uno podría decir que Sartre tuvo una gran influencia y sin embargo su nombre ha sido totalmente olvidado. Al final de los 40 y los 50 la filosofía era Jean Paul Sartre y hoy su influencia es nula. Muchos libros se publican y hay tantas corrientes que es muy difícil determinar su influencia.

­-Si Sartre está completamente olvidado, podemos pensar como su contracara a Foucault que no para de ser recordado y citado por casi toda la filosofía italiana contemporánea como Agamben, Esposito o Negri. ¿Usted cree que Foucault ya es un clásico?
­
-Si puedo expresar mis preferencias creo que sólo hay tres clásicos en la filosofía del siglo XX: Heidegger, Wittgenstein y Foucault.
Y creo que más tarde o más temprano los van a reconocer como clásicos. Y no van a ser olvidados.

Pero eso no es verdad en cuanto se refiere a la segunda línea de pensadores. Hay mucha moda presente en la filosofía: cuando esos pensadores no están de moda difícilmente son leídos y pasan al olvido absoluto.

­-¿Usted piensa que Mayo del 68 aún tiene impacto en el mundo o se ha desvanecido por completo?
­
-No, no ha desaparecido. En el momento de Mayo del 68 yo hablaba de la revolución de lo cotidiano y esto es exactamente lo que pasó. La vida cotidiana de los hombres y mujeres fue radicalmente transformada. El feminismo salió de esto: la gente se vestía diferente, comía diferente. Creo que el impacto de ese momento se ve en la forma en que se hacía política. El rol de la mujer cambió radicalmente luego de Mayo del 68. Antes era imposible para una mujer y un hombre vivir juntos sin casarse, ahora es básicamente lo típico. Antes del 68 uno no podía ir en jeans al teatro, después se volvió natural. Norbert Elías escribió un libro sobre el proceso de civilización como forma de crítica a la nobleza. Creo que el proceso de civilización luego del 68 no sólo termina sino que es revertido. No hay más burguesía que tiene que competir contra la nobleza en cuanto a un modo de vida, hábitos, ceremonias, etcétera. El proceso de civilización ya no está más en la agenda. El 68 fue un momento de cambio en este sentido. No desapareció.

Porque nada que ha sido actualizado desaparece. Sí hay ciertos aspectos del 68 que se disiparon como el autogerenciamiento en las fábricas y los movimientos de comunidades. Esto sí desapareció completamente.


-¿Su concepción ética está in
fluida por Kant, o no?
­
-Toda ética está influenciada por Kant. Uno podría decir que hay sólo dos teorías morales representativas en la filosofía: una para la ética pre-moderna y otra para la modernidad, y una es la de Aristóteles y la otra la de Kant. Ellos definieron las cuestiones morales y las pusieron en la agenda. La gente las acepta o rechaza pero siempre tiene que pelearse con el espectro de Kant. No hay ética contemporánea sin Kant y no habría habido ética pre-moderna sin Aristóteles.


-¿Nietzsche, como crítico de
Kant, tiene algún tipo de actualidad en el pensamiento contemporáneo?
­
-El impacto de Nietzsche en la concepción moderna no sólo es moral. No puede ser sobreestimado su impacto. Todo el mundo tiene cierta relación con Kant, incluso Nietzsche.

­-Usted sostiene que el capitalismo sólo considera las cosas en cuanto mercancías y, por ende, aplica al arte la misma lógica, confundiendo el conocimiento y la espiritualidad que reposan en las obras con el afán de lucro.
¿Qué tipo de estética le interesa del arte contemporáneo, si es que le interesa?
­
-No puede decir que soy crítica en relación al arte contemporáneo. No lo soy. Aprecio mucho a los artistas contemporáneos y los nuevos géneros, como el videoarte, las instalaciones, muchas de estas producciones me interesan.
Soy crítica cuando hablo de un artista o de otro. Porque todos tenemos que elegir y a veces elegir es basarse en cierto juicio estético.
Pero uno admite que es un término de gusto personal.

­-¿En qué está trabajando actualmente? ¿Cuáles son los temas que más la obsesionan?
­
Estoy obsesionada en diferentes momentos por diferentes cosas.
Pero mis principales puntos de interés han cambiado levemente respecto a los de quince años atrás. Porque al principio yo hablaba de cuestiones vinculadas con la ética, la filosofía de la historia y la filosofía política. Y en los últimos quince años me interesan mucho más las artes: escribí un libro sobre Shakespeare ­The Time is Out of Joint: Shakespeare as Philosopher of History­, otro sobre comedia ­Inmortal Comedy: The Comic Phenomenon in Art, Literature and Life­ y uno más sobre religión, éste es mi último interés.

­-¿Tiene una mirada optimista sobre el futuro o no?
­
-No soy profeta. Los filósofos a veces asaltaron la profesión de profetas pero no lo son. Hay muchos hechos contingentes que definen el futuro. Diez días antes de la Segunda Guerra Mundial nadie pensaba que iba a ver una Guerra Mundial. Un año antes del colapso de la Unión Soviética nadie pensaba que iba a pasar.
Fueron cosas imprevisibles. Pero si me pregunta sobre mi visión desde la filosofía sí le puedo contestar. Yo rehusé la gran narrativa.
No creo que haya una tendencia de progreso o de regresión en la historia. No pienso en términos de historia con mayúsculas. Creo que no tenemos una posición privilegiada en la historia. No estamos ni mejor ni peor que nuestros antepasados sino en un lugar diferente. Lo más interesante es entender nuestra especificidad y la particularidad de nuestra edad o época. Y sólo lo podemos hacer para mejorar la vida humana en el tiempo presente.

-¿Qué sería entonces para usted lo propiamente específico de este tiempo filosófico?
­
-En filosofía esta época es la consumación de la destrucción de la metafísica. Que abre caminos nuevos para la filosofía: un camino es el análisis del dasein de Heidegger para entender la forma en que se constituye el hombre en su propio mundo. El otro es tomar cualquier imagen y pensarla filosóficamente. Ambos implican la hermenéutica. Está también la fenomenología que no puede pensarse en general como hermenéutica. Pero hay diferentes tipos de hermenéutica, una es el intento del hombre por entender su propio mundo. Y otra es la del texto, la poesía, la cultura. Eso es lo específico de nuestra era.

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