Fútbol, imagen y espectáculo

Ya ruedan el balón y nuestra imaginación, las encuestas y los pronósticos, todo un mundo en función del espectáculo grandioso del fútbol. Y sí, claro que es grandioso ¿por qué negar la alegría y el júbilo que vienen de la mano del deporte? En última instancia la sociedad entera se construye hoy en día alrededor del maquillaje, el montaje y la actuación. Lo vivimos todos los días, nos hemos construido actitudes y comportamientos que para lograr insertarlos en la vida cotidiana, deben pertenecer antes al show, irónicos como Hugh Laurie en Doctor House, perspicaces como Tim Roth en Lie to me, bien parecidos como Matthew Fox en Lost, o despistados como Chandler en Friends. Si a esta situación, ya normal para nosotros, se le suma la rapidez de un deporte, la emoción y la rivalidad entre equipos, negaremos fanáticamente que ese deporte sea una locura donde 22 maniáticos patean el balón de un lado a otro.

Lo interesante en este deporte es que se ha logrado erigir como modelo de espectáculo deportivo a nivel mundial. Inimaginables son las cifras de ganancias, la tecnología dispuesta para las transmisiones, y algo que se señala muy poco, por desgracia, las transformaciones que en el plano cultural incita.

– Le voy  Cuba- Respondía hace unas semanas antes de que la fiebre llegara a su máximo esplendor. Evitaba así las discusiones acaloradas sobre delanteros o defensores, tácticas y estrategias; es un terreno donde me siento, francamente, muy débil. Eso sí, me pregunté una y otra vez, ¿Por qué extraña razón, equipos tan distantes a nuestra realidad despiertan pasiones tan acaloradas? ¿Cuál es el misterio que hace salir a muchos con banderas del Barça? O para que un fanático diga: -Le voy a España, porque es la “tierra madre” ¿Cuál es el secreto de que incluso a los que no nos gusta normalmente el fútbol, nos cueste tanto trabajo levantarnos del televisor? No pregunto buscando la respuesta habitual, sobre la calidad de juego, la cantidad de dinero que se invierte, etc. Sino que trato de encontrar la relación exacta entre el espectáculo como estilo de vida y nuestra percepción de lo real.

Todo espectáculo debe tener una gran inversión, esa es la parte más controversial. Alrededor del mundial van saliendo noticias sobre los índices de inversión, los logros futuros de la sede con ese dinero, los pases de jugadores, las ganancias por concepto de transmisión, entre otras cosas.  Se va entretejiendo un ambiente de fondo que propicia la atención y expectación. Para esto se organizan con 3 años de antelación las eliminatorias, de manera que jugadores, técnicos y personal especializado pasa por un proceso de casting sumamente riguroso. En paralelo, las marcas escogen a su jugador como ídolo representativo de rapidez, valor, intrepidez, y de cuanto valor haga falta para vender una idea. Aun cuando faltan en el mundial, figuras como Ronaldinho, Francesco Totti o Esteban Cambiasso, se entretejen historias y comentarios que contribuyen a hacer de la FIFA un imperio hipotético que estaría en el lugar número 18 de la economía mundial actual, con un PIB, representativo, de 550 mil millones de dólares anuales.

Pero no pensemos en ella como una gran empresa que encarna ideales políticos negativos, todo lo contrario, el show no conoce diferencias políticas, sino que tiene sus propias reglas de juego. Y esa es una de las cosas que ha catapultado al fútbol; este representa un espacio donde las tensiones  políticas y económicas se suspenden “momentáneamente”. Los problemas de nuestra civilización se traducen en jugadas y así solo alcanzamos un estado parecido a la catarsis descrita por Aristóteles.

O sea, que este gran ícono no solo se ve a sí mismo como economía, ganancia y dinero sino también como emoción, controversia y teatro. Dunga fue muy explicito cuando hizo declaraciones respecto al uso o no de más tecnología en los partidos para evitar errores arbítrales: “Fútbol es polémica, debate. Si todo es perfecto, no habrá nada que discutir. “La formula de la FIFA, consciente o inconscientemente, está en haber encontrado la manera en que la realidad puede ser puesta frente a nosotros como algo ficticio y bien diseñado.

Un elemento muy bien explotado son los discursos nacionalistas, de manera que los símbolos del deporte a nivel mundial, no representan bandera, ni zona geográfica alguna; sino al revés. Es un escenario en el que los valores han adquirido vida propia, creando un sistema de comportamiento autónomo y libre. Messi, CR7, Nike, Adidas, y todos los íconos que completan ese sistema han llegado a un punto privilegiado donde crean nuevos valores, nuevas abstracciones y nociones.

Muestra de ello fue la reciente polémica con el equipo francés, de una disputa interna en el equipo, los franceses han hecho un “trauma nacional”. Los subcampeones del mundo se sublevaron por la expulsión del equipo del delantero, Nicolas Anelka, después de que este insultase al seleccionador, y acabó última de su grupo, tras sólo conseguir un empate y dos derrotas. La angustia fue tal, que el presidente francés, Nicolás Sarkozy, pidió una reorganización del fútbol y se reunió con uno de los líderes del equipo, Thierry Henry.

El asunto no acabó en eso, junto con la angustia también vino la ruptura de algunos patrocinadores del equipo: Crédit Agricole, uno de ellos, anunció que cancelaría su campaña en televisión; y  Quick, compañía de comida rápida, junto con Procter and Gamble han decidido retirar sus anuncios publicitarios. Claro…patrocinadores que tienen menos que perder no retiraron su apoyo, como Adidas o Toyota Europa.

La FIFA por su parte, hace un poco de tiempo y reflexiona sobre cual va a ser la sanción a Francia por la intromisión de Sarkozy. Es un buen ejemplo que ilustra esa misma relación invertida entre las demandas simbólicas de la nación y las del fútbol. Peor va a ser con Nigeria después de que Goodluck Jonathan, presidente de ese país, decidiera disolver la Federación Nigeriana de Fútbol (NFF) tras su espantosa actuación en este Mundial. La FIFA aun no sabe cuál será la sanción por la intromisión de la política en el deporte, ya que de hecho, los nigerianos adoptaron la sanción más severa del reglamento.

El sentido de espectáculo no es nuevo, cuando hago alusión a este término refiero lo acuñado, incluso, por Aristóteles en su Poética: “La tragedia es, por lo tanto, una representación no sólo de una acción completa, sino también de incidentes que provocan piedad y terror. Tales incidentes alcanzan su máximo efecto sobre el hombre cuando resultan inesperados, y al mismo tiempo cuando acontecen por el desarrollo natural de los hechos. De este modo un incidente causa mayor maravilla que si ocurre por acaso o por fortuna”[i]

No se hace referencia, pues, a la mera sucesión de imágenes sobre un tema determinado, sino a todo el conjunto que crean estas nuevas imágenes. Las cuales siguen cumpliendo con las dos exigencias básicas de la dramaturgia más elemental de Aristóteles en adelante: la incitación a la catarsis, mediante la piedad o el terror; y por otra parte, la realidad como re-presentación. “Queda claro por lo dicho anteriormente que no es oficio del poeta contar las cosas como sucedieron, sino como deberían o podrían haber sucedido, probable o necesariamente.”[ii]

Lo que hace de toda esta fiebre un gran espectáculo es justamente la inversión que se hace, económica y políticamente hablando, en hacer ver el juego no como la interacción de dos equipos, sino como algo ficticio, sin llegar al absurdo. Los medios son las mediaciones necesarias para hacer creíble este nuevo relato. Las 32 cámaras dentro del estadio-estudio, el casting antes referido, el guión, héroes y anti-héroes encarnados por los propios equipos, subtramas previas y subyacentes que despiertan la angustia o la imaginación del espectador, clímax y desenlace.

Si extendemos el razonamiento un poco más allá nos percatamos de que esto no es propio solamente del fútbol, sino que pertenece a la impronta de la época. Creamos un mundo que parece más bien una iconoteca donde coexisten las intenciones digitalizadas como mediaciones entre nuestras vidas y el Mundo real; telenovelas, deporte, juegos de entretenimiento, o Internet con sus redes sociales. Todo esto conforma la base de datos de las intenciones humanas que tiene su biblioteca virtual en Google.

Una mirada crítica del espectáculo debe intentar ir más allá del emplazamiento político o moral, ya que esto nos impediría ver adecuadamente la estructura dramática, nos impediría ver los hilos del teatro actual, que además, nosotros mismos alimentamos y ayudamos a crear. Debemos tratar de entender las relaciones que crean estas imágenes, las cuales, más allá de un deporte, o de las millonarias inversiones que se hacen en esta industria propician una cultura pasiva, invadida por elementos foráneos. Lo reprochable es que contribuye al olvido de nuestras propias historias y sucesos, en pos de una construcción global bajo la cual estamos nosotros.

30 de junio del 2010

Publicado en: http://www.uneac.org.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&id=3480

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[i] Poética. Aristóteles.  Pág. 57.

[ii] Ídem. Pág. 55. (El subrayado es mío).

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