Faizal Shahzad y la lógica oculta del terrorismo

Ser policía, bombero, cosmonauta o piloto, no tiene la misma implicación que ser terrorista. Los primeros encarnan el ideal de justicia y valentía en la moral de tradición occidental, y a ello estamos adaptados desde que somos niños, en cuanto a lo segundo nadie escoge tal condición, sino que te la adjudican ya que, como es lógico, a nadie se le ocurriría convertirse en terrorista por pura inspiración.

Y es que hay palabras, como hay prejuicios o valores que son incuestionables. Estos tiene un significado, y aunque por lo general no es evidente, el hombre de forma indirecta y mediata opera con ellos en su vida cotidiana sin pensar las relaciones políticas que las atan. No es lo mismo catalogar a una persona de héroe que de villano. Estas palabras tienen una carga semántica que adquiere su significación en la propia sociedad y en el contacto directo con la política. El lenguaje, la pintura, la literatura, en fin la estética, la moral, la economía responden a leyes más generales, y aunque el hombre individual tenga un margen de libertad, siempre tendrá determinados límites dentro de los cuales podrá moverse. Ser terrorista, al parecer, debe ser uno de esos valores que se salen de nuestro universo simbólico hoy en día, de ahí que declararse “100 veces culpable” de un acto terrorista sea visto como una locura. Y no se trata de salir en defensa de nadie, sino de descubrir lo que se esconde bajo el término, bajo los prejuicios que despierta, y bajo todo el espectáculo que se monta alrededor de cualquiera de ellos.

Los habitantes de la tranquila y modesta localidad de Bridgeport hace unos días se levantaron con la noticia de que su vecino silencioso, casi tímido, era el autor del atentado fallido de Times Square. De apariencia normal Faizal Shahzad fue capturado después del atentado y hace unos días salían declaraciones suyas ante un tribunal donde se adjudicaba por entero la responsabilidad de los hechos, y más que eso culpaba al gobierno norteamericano. Según AFP habitantes de su ciudad natal lo veían como un “muchacho moderno”, lo cual parece tener alguna relación con “que nunca había manifestado odio hacia Estados Unidos ni simpatía hacia el islamismo radical”. La atención que ha despertado el alegato de Faizal Shahzad es justamente por el cambio radical que dio: ¿En qué momento y por qué se convirtió en terrorista?

La vida de Faizal Shahzad no es la sumatoria de momentos aislados, o de fotogramas independientes unos de otros. Sus actitudes aunque lo quieran hacer ver como una maquina al servicio del “terrorismo internacional” responden a condiciones de vida, expectativas, sueños, necesidades, sed de venganza, odio, temor, en fin, a motivaciones tan humanas como las nuestras, de ahí que el caso sea tan controvertido.

Shahzad ha demostrado ser tan humano como los que iniciaron la guerra de Afganistán o Irak, lo cual pone en entredicho de una manera muy sutil la propia lógica del sistema norteamericano. No obstante, el juego se plantea en otro terreno, precisamente para evitar cualquier cuestionamiento de este tipo. Ahora mismo las preguntas y respuestas giran en torno a elementos superficiales: su matrimonio, su viaje a Pakistán, su entrenamiento, sus relaciones con Anwar al-Awlaki; de forma tal que la historia se va haciendo creíble desde el punto de vista formal, aunque desde el punto de vista humano no lo sea, impidiendo, una vez más, que se centre la atención sobre los frentes de Irak y Afganistán. En el fondo, su verdad es una respuesta lógica a la verdad del gobierno norteamericano.

Faizal Shahzad ni se hizo, ni se convirtió en terrorista, en última instancia no es un problema temporal o meramente causal. Lo que intenta ocultarse evidentemente es la responsabilidad que corre la administración norteamericana, cosa que no es muy difícil con el Mundial de Fútbol en Sudáfrica. Así, entre el Mundial, el conflicto entre las Coreas, las tensiones con Irán, y la siempre agresiva Israel, la atención se diluye. Lo que se evita con esto es una alusión explícita a los frentes en el Medio Oriente, ya que: “Soy parte de la respuesta al terror que siembra Estados Unidos entre el pueblo musulmán”,[i]según Faizal Shahzad.

Con él se han impuesto las mismas mediaciones que se aplican con el resto de las noticias. A nivel global la atención pública se reparte entre una diversidad imposible de procesar, a veces sin un conocimiento a fondo; y de manera particular se reconstruye la historia como hemos visto haciendo hincapié en las partes más triviales.

En el develamiento de esa complejidad oculta, es válido recordar a Sartre, cuando en el prólogo a Los condenados de la Tierra de  Frantz Fanón decía que: “en el momento de impotencia, la locura homicida es el inconsciente colectivo de los colonizados.”[ii]Y es que hay que ver esa impotencia y esa locura como el efecto reversible de la guerra, de la violencia que afecta a unos en nombre de otros. Cuando se domestica a un hombre se reduce a un estado animal, y en ese estado solo conoce los mismos rasgos que le han hecho creer que posee, es la violencia lo único que puede reproducir.

Más adelante continúa Sartre: “Lo que antes era el hecho religioso en su simplicidad, cierta comunicación del fiel con lo sagrado, lo convierten en un arma contra la desesperanza y la humillación (…)”[iii] La religión funciona entonces como valor que sustenta y legitima su respuesta, ya que en las leyes humanas no puede encontrar tal justificación. Es por eso que tiene que refugiarse en un principio lo suficientemente abstracto para poder aceptar lo que tiene que hacer, como mismo el gobierno norteamericano se refugió en recursos religiosos y principios abstractos para justificar sus incursiones bélicas.

Entonces si de una parte vemos actos terroristas, coches bombas, atentados que afectan la vida de inocentes, es porque todo el sistema de relaciones sociales los reduce a personas con sed de venganza, llegando a un estado de enajenación donde solo tienen una expectativa: el suicidio social. Un proceso mediante el cual viven para eliminar y destruir a aquel  que se les enfrenta. Y en ese acto se autodestruyen, porque eliminan a la vez su razón de ser. Por otra parte, el propio pueblo norteamericano vive su momento de inconciencia, se mantiene al margen o juzga según un sistema de normas que impide develar la complejidad que se esconde bajo una simple palabra.

Desde su posición Sartre expresa: “En Argelia, en Angola, se mata al azar a los europeos. Es el boomerang, el tercer tiempo de la violencia: se vuelve contra nosotros, nos alcanza y, como de costumbre, no comprendemos que es la nuestra.”[iv]

Así pues, esta lógica invertida, este tercer momento de violencia es la consecuencia humana de un gobierno y un pueblo que también aprueban esas leyes. Pero por desgracia los mecanismos de mediaciones entre el hecho y su comprensión social todavía funcionan bien en ese país. A Faizal Shahzad ya nadie lo va a escuchar, y vendrán otros como él, y otros como él, porque Norteamérica seguirá fomentando ese tipo de acciones violentas, y seguirá invirtiendo en el terrorismo; por desgracia, eso también es una gran inversión.

La Habana, 25 de junio de 2010

Correo: jaroch6666@gmail.com

Blog: www.jaroch6666.wordpress.com


[i] http://www.rnw.nl/espanol/bulletin/shahzad-se-declara-culpable-y-sin-remordimiento-por-atentado-en-times-square.

[ii] Paul Sartre, Jean. “Prefacio” en Fanón, Frantz. Los condenados de la tierra. Ediciones Venceremos. LA Habana.1965. Pág.21.

[iii] Ídem. Pág. 22.

[iv] Ídem. Pág. 23.

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Publicado en: http://www.uneac.org.cu/index.php?module=noticias&act=detalle&id=3457

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